33. Coincidencias inesperadas
Ciro Sandoval
El ascensor descendía en completo silencio.
Karla y yo permanecíamos uno al lado del otro, sin decir una palabra. Podía oler su perfume otra vez. Dulce, persistente. Cada segundo que pasaba junto a ella se sentía como una combinación peligrosa de tentación e incomodidad. Me concentré en mi respiración, en mantener la vista al frente.
Cuando las puertas se abrieron, lo primero que vi fue un espacio amplio, moderno. Cuatro puertas y cuatro escritorios en el centro, perfectamente al