20. Él si era fiel
Karla Duarte
Lo observé en silencio mientras se quitaba el saco, doblándolo con una delicadeza que contrastaba con la firmeza de sus brazos. Después, con un movimiento natural, se aflojó la corbata y comenzó a remangarse la camisa. Lento. Preciso. Sexy.
Mis ojos lo recorrieron sin vergüenza.
La tela blanca se amoldaba a su torso con una precisión casi obscena. Cada botón abierto dejaba ver un poco más de esa piel dorada que imaginé cálida al tacto.
El cosquilleo en mi estómago no fue discreto.