16. La mejor asistente que he tenido
Sara Sandoval
La luz cálida del atardecer se filtraba por la persiana entreabierta, tiñendo la habitación de un tenue tono dorado. El silencio era casi hipnótico, solo interrumpido por el goteo pausado del suero y el leve zumbido del aire acondicionado. Sentada en la silla a su lado, observaba su rostro relajado mientras dormía.
Mi vista se deslizó por su mandíbula bien delineada, por la sombra incipiente de barba que ahora lo hacía ver aún más atractivo… Dios. ¿Qué me estaba pasando?
De pronto