17. Con Sara... no
Ernesto Duarte
Conduje directo a casa.
No dejaba de pensar en ella. En su voz dulce pero firme, en su forma de verme como si pudiera ver más allá del hombre que todo el mundo temía. Había aprendido más de ella en un día que de algunos empleados en años. Parecía complaciente… pero había algo más detrás. Ese brillo en los ojos cuando discutía, ese leve temblor en la voz cuando se defendía, y esa forma absurda pero tierna, de pedirme que le avisara al llegar.
Ella no era débil. Solo sabía elegir s