14. Grietas en el corazón
Ernesto Duarte
Jamás, en todos mis años al mando, un empleado se había atrevido a hablarme de esa manera. Y no solo era lo que dijo, sino cómo lo dijo. Sin titubeos. Sin miedo. Como si creyera que tenía algún tipo de derecho sobre mí, sobre mi salud, sobre mis decisiones.
Y lo peor… es que no podía enojarme.
La miré fijamente. Estaba de pie, rígida, como esperando la descarga. Sus ojos estaban clavados en el suelo, pero yo los conocía… esos malditos ojos grandes y oscuros nunca me habían mostra