44. Vendida
Emilia Díaz
Sonreí. Saludé con cortesía. Fui la esposa perfecta que todos esperaban ver.
Después de la ceremonia civil llegaron invitados. Algunos eran amigos cercanos de la familia, otros socios del señor Ernesto. Los invitados iban y venían, intercambiaban brindis y palabras aduladoras mientras la celebración se alargaba en la inmensa mansión de los Cazares. Para mí, todos eran desconocidos.
Aun así, me esforcé en sonreír, en dar la impresión de que encajaba en este mundo de falsedades y con