31. Infortunio
Esteban Cazares
Me negaba a creer que Emilia estuviera con Álvaro por voluntad propia. Ese tipo nunca le convino, no era más que un oportunista manipulador. Ella me amaba a mí, lo pude ver en sus ojos la última vez que nos vimos. Quizá estaba asustada, confundida… Pero tenía que entender que yo era el hombre indicado para ella.
El eco de mis propios pensamientos se desmoronó cuando la voz grave de mi padre retumbó en el recibidor.
—Esteban, ¿qué estaba haciendo Álvaro Duarte en mi casa? —exigió