29. Entrelazados por el destino
Emilia Díaz
Al fin.
Al fin era libre.
Tenía a mi hijo, al hombre que amaba y una vida entera por delante. Una vida por fin mía, sin cadenas, sin amenazas, sin miedo.
Apenas pusimos un pie en la mansión, eché a correr como si el corazón se me fuera a salir del pecho. Solo quería ver a mi hijito.
La sonrisa se me escapó, apenas crucé la puerta del salón principal. Ahí estaba, sobre la alfombra, rodeado de juguetes, jugando con Polita y Catalina, que se reían con él como si no existiera nada más