13. Una verdad
Álvaro Duarte
Desde mi escritorio, vi cómo Emilia salía de la oficina dando un portazo. Una sonrisa se dibujó en mis labios.
Esperaba que no se enojara demasiado por la travesura que acababa de hacer, pero, en realidad, no pude evitarlo. No pensé que fuera tan ingenua como para caer tan fácilmente.
Llevé el pulgar a mis labios, recordando el roce fugaz de los suyos. Apenas había durado un segundo, pero la sensación quedó impresa en mi cuerpo, encendiendo algo dentro de mí que no esperaba.
Me gu