11. Una mentira más
Emilia Díaz
—La verdad, no sé si esta casa esté amueblada, es la primera vez que vengo —dijo Esteban cuando nos detuvimos frente a la enorme casona a las afueras de la ciudad.
La noche era profunda, el silencio envolvía todo a nuestro alrededor y la desolación hacía que el aire se sintiera más frío. Instintivamente, reafirmé el agarre de su mano, buscando su calidez.
—Mi padre la usa para reuniones importantes de negocios. Hace unos días me dio la llave porque en una semana comenzaré a trabajar