En el jardín de la casa del primo, Estelle mira el cielo estrellado y respira hondo. La brisa suave toca su rostro mientras intenta organizar sus pensamientos sobre qué hacer a partir de ahora. Toda su vida ha sido vivida a la sombra de su madre, una sombra pesada, llena de exigencias y reproches. Margot siempre dejó claro, en palabras y miradas, que Estelle nunca sería nada sin ella.
—¿Será verdad? —susurra, cerrando los ojos por un instante.
Sabía que, para demostrar lo contrario, tendría que