Sin llamar, Hector abre la puerta y entra en el dormitorio. Ava está de espaldas, sentada en el borde de la cama, hablando por teléfono con su madre. Al verlo, lleva la mano instintivamente al pecho, asustada por la entrada repentina. Se gira, frunciendo el ceño.
—Mamá, ¿podemos hablar después? —dice, intentando mantener el tono calmado. —Prometo que paso mañana por ahí. ¿Está bien? Beso.
Cuelga la llamada y deja el celular en la mesita de noche. Su mirada, ahora clavada en Hector, es todo meno