XVII. No puedo más que callar, ante las verdades no dichas
Acaso lo había escuchado bien, de su boca se escuchó salir tal nombre.
— Un momento, dijiste Izra.
— Sí, escuchaste bien, efectivamente le he mencionado, acaso le conoces Emma.
Y rápidamente sin perder tiempo para evitar sospechas e interrogantes recalque.
— No, solo le he escuchado mencionar un par de veces; por Venecia suele ser motivo de murmuración entre los lobos.
Pero no, la verdad era otra y una bastante delicada, por cierto está demás decir, que si le conocía, pero no ha