LXXXII. La gruta

— Así como escucho y tanto ha sido el caso, que no fue necesario encadenarla, ella no se ha opuesto a nada, nadie en su sano juicio siendo acusada como ella en este caso lo es se entregaría tan fácil, no se usted pero sin dudas siento que algo no está bien.

Habiendo finalmente escuchado aquello Izra se acercó a mí pues deduzco que aquello era algo de no creer por su persona en vista de la pregunta que realizó.

— ¿Qué pretendes? Todos aquí sabemos que nadie se entrega a sus perseguidores por
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