LVII. La despedida de la cabaña - I
Al ver el enojo en mí, Lyall elevo las manos al aire en dirección al frente en pos de negación mientras repetía — no, para nada.
Aquel hombre dijo aquello mientras se instalaba en la comisura de su boca una pequeña sonrisa, expresión que mantuvo todo aquel tiempo y hasta que eventualmente aquel nuevamente indico — eso se lo dejo a Dominieck, él es un experto catador de golpes que en pocas palabras lleven marcado tu nombre o incluso el de Martin.
Dominieck al escucharlo se apeno, aparentement