LVIII. La despedida de la cabaña - II
— Algo que de seguro te sorprenderá.
Dominieck comenzó a tirar de mi con insistencia, aparentemente no era nada de absoluto peligro, pero sin embargo yo tenía mis reservas — seguro que no hay nada que temer.
— Para nada, confía en mí.
Manteniéndome sumergida en el recelo que todo aquello provoca, por un instante me negué a su pedido unas cuantas veces más pues tenía miedo de llegar a ver algo que no fuera de mi justo agrado allí, pero Dominieck insistía e insistía como siempre él lo hacía,