El silencio dentro de aquella habitación comenzó a sentirse insoportable.
La lluvia golpeaba los ventanales con fuerza mientras Emilia seguía observando a Adrián sin saber qué decir.
Porque ahora entendía demasiadas cosas.
Entendía por qué evitaba acercarse emocionalmente a las personas.
Por qué vivía controlándolo todo.
Por qué parecía cargar el peso del mundo sobre los hombros.
Y también entendía algo peor.
Adrián Castellanos se odiaba a sí mismo.
Mucho más de lo que cualquiera podía imaginar