Las manos de Emilia D’Aramont temblaban mientras sostenía la pequeña libreta.
El dibujo parecía simple.
Infantil.
Pero ahora…
Todo daba miedo.
Tres niñas tomadas de la mano frente al lago.
Lucía.
Emilia.
Y una tercera niña.
Una niña sin rostro dibujado.
Debajo, la frase:
> “La original nunca estuvo sola.”
El silencio dentro de la casa era absoluto.
Adrián observó cuidadosamente la libreta.
Y luego levantó lentamente la mirada hacia Gabriel Salvatierra.
—¿Quién era la tercera niña?
El anciano ta