A la hora del almuerzo, Kate y Rafaela se encontraron para comer juntas, como siempre.
—¿Cómo fue tu regreso al trabajo? —preguntó Kate, mientras comía un pedazo de su sándwich.
—Fue normal.
—¿Acaso tu jefe guapísimo te acosó?
—No. La verdad es que, cuando nos vimos hoy, sentí como si hubiera vuelto a la casilla cero. Fue como el primer día que empecé a trabajar para él.
—Entonces volvió a ser un jefe insoportable —murmuró, como si estuviera reflexionando sobre eso. —Eso es bueno, por un lado.
—Por un lado, sí, pero creo que me va a presionar hasta que yo renuncie.
—Eso es injusto —declaró. —¿Cuál es el problema de esos hombres que no aceptan ser rechazados?
—No lo sé; aun así, aguantaré todo lo que pueda; pronto cambiará de cargo y haré todo lo posible para no ir con él.
—Hablando de eso, me dijeron que su padre estaba muy feliz esta mañana en la empresa.
—¿Será que pasó algo?
—No lo sé, pero terminé escuchando una conversación de la secretaria del CEO cuando estaba en el baño, dicie