Mundo ficciónIniciar sesiónLa ruta era interminable, árida por momentos, húmeda por otros, pero siempre triste y vacía. Cada cientos de kilómetros, un puesto de comida, en general una parrilla que ofrecía sus servicios, además de salames, quesos, dulces, vinos pateros y en algunos casos verduras o productos típicos de aquella región.
Rosario no tenía interés. Comía poco, porque ella así lo quería y porque






