Cassian le había dado dos horas.
Y eso solo significaba una cosa, él pensaba que ella no se movería de allí incluso después de haberle dicho que quería deshacer aquel trato entre ellos.
No sospechaba de ella, pero se equivocaba.
La mansión de Cassian era un laberinto hecho de piedra, pasillos y secretos. Katherine se movía entre los muros siguiendo un instinto antiguo, casi olvidado.
No podía usar su don.
No podía detener el tiempo ni invocar portales. Pero aún tenía su voluntad. Aún tenía su