La cena continuó con los niños haciendo comentarios disfrazados de inocencia y malicia, cada vez más creativos. Katherine reprimía, corregía y suspiraba mientras los machos de la familia parecían se divertirse sin vergüenza.
—¿Podemos irnos ya? —preguntó Christian.
—No hemos terminado de cenar —respondió Katherine sintiendo el corazón apretado.
—Pero ya no tenemos hambre —añadió Klarissa.
—Yo menos —dijo Kash cruzado de brazos.
Katherine suspiró pero enseguida se levantó.
—De acuerdo, vamos a la