Las manos de Cassian seguían firmes en su cintura, sus pulgares dibujaban círculos lentos y posesivos sobre su piel húmeda, como si quisiera memorizar cada centímetro que había perdido durante años.
Pero entonces, la realidad la golpeó brutalmente y todo encajó enseguida.
Cassian era el macho que había tomado el Este. El mismo por el que su familia, en ese preciso momento, conspiraba para arrancar de la manada de su tío Alessandro. El padre de sus cachorros estaba ahora en territorio enemigo, ma