Después de que llegaron al lugar, la manada de Maverik, Katherine sintió cómo algo frío se le incrustaba en el pecho. Cada paso que daba sobre ese territorio era como hurgar en una herida que creía cerrada.
A su alrededor todo parecía diferente,
la arquitectura era sobria, elegante, los pasillos estaban decorados con alfombras gruesas, tapices con los escudos de la manada y faroles de luz cálida. Pero claro que ella nunca había tenido la oportunidad de ver la manada en sí, nada podía borrar el