Jessica señaló hacia una construcción improvisada entre los árboles. Una pequeña cabaña de madera envejecida, pero limpia, con un depósito de agua caliente fuera.
—Necesitas bañarte —dijo ella—. Sé que puedes ocultar tu aroma, lo que nos vendría bien para mantener el factor sorpresa.
Él ya había apagado su aroma, pero esa loba parecía más tonta de lo que había pensado antes.
Cassian la miró sin parpadear y ella tragó saliva nerviosa por su escrutinio.
—Además —continuó—. Te conseguí ropa limpia.