Había abierto el portal con dificultad para rastrearlos en donde estaban y ahora Serenya y Cael estaban allí, materializados.
Serenya se tocaba el vientre hinchado con una mano protectora. Su belleza era afilada y el vestido ceñido que llevaba revelaba la curva de su embarazo. Cael permanecía a su lado, con los ojos empañados por años de resentimiento y exilio.
Su mandíbula estaba tensa, los puños cerrados, exudaba una rabia que apenas podía contenerse.
Jessica se detuvo frente a ellos, su son