Capítulo 48 — Una cárcel absurda
El aire dentro de la cabaña se había vuelto denso, cargado con el olor agrio del miedo contenido y el aroma metálico de la nieve que comenzaba a caer afuera. La "protección" de Selene no era más que una jaula de cristal; Rorik y sus hombres rodeaban la propiedad como buitres esperando el momento exacto en que la presa dejara de respirar.
Nora observaba desde la pequeña rendija de la cocina cómo los guerreros intercambiaban turnos. Su mente trabajaba a una velocidad frenética. Sabía que la lealtad de Rorik hacia Daren era cuestionable, pero su obediencia a las órdenes de Selene era absoluta bajo el pretexto de "mantener la pureza de la manada".
—No son guardias, Lyra —susurró Nora, alejándose de la ventana con las manos temblorosas—. Son carceleros. Selene está cerrando el puño y, si esperamos a la Luna Nueva, no seremos más que cadáveres en un altar de conveniencia política.
Lyra, sentada en el borde de la cama, acarició su vientre aún plano. La de