Capítulo 47 — La Conspiración de la Luna Nueva
En la manada de Daren, el ambiente se había vuelto irrespirable. Selene, la Luna de la manada, observaba desde la ventana de la Casa Comunal el movimiento inusual alrededor de la cabaña de Lyra. Su instinto de depredadora le decía que algo se estaba gestando tras esas paredes de madera.
Había notado que Lyra ya no salía, que Nora compraba hierbas extrañas —raíz de jengibre y hojas de frambuesa— que no se usaban para tratar la tristeza, sino para fortalecer el cuerpo. Selene no sospechaba un embarazo —
—¿Qué escondes, pequeña aberración? —murmuró Selene, apretando su copa de vino hasta que sus nudillos quedaron blancos.
Se acercó a los guardias de la cabaña.
—Quiero que vigilen cada gramo de comida que entra en esa casa. Y si Lyra muestra cualquier signo de debilidad física diferente a la apatía, quiero saberlo de inmediato.
Selene sospechaba de una enfermedad, o quizás de un plan de huida, pero la idea de un embarazo híbrido era algo