Capítulo 40 — El Juicio del Ancestral
El claro de la montaña estaba sumergido en un silencio antinatural. La luz de la Luna Azul, que desafiaba el calendario de los cielos, caía sobre Elián como un manto de gloria y muerte. Ya no era el vampiro elegante que se ocultaba en las sombras de la ciudad; era una fuerza de la naturaleza, un soberano que había regresado de los dominios de la muerte con el derecho de juzgar a los vivos.
A medida que Elián daba un paso adelante, la tierra bajo sus pies