Capítulo 49 — Sangre en la Luna Azul
La noche de la Luna Nueva era un manto de carbón que cubría el territorio de la manada. A lo lejos, el resplandor anaranjado de la cabaña de Lyra comenzaba a lamer el cielo; el incendio provocado por Nora servía como una baliza de rebelión, pero también como una sentencia. Nora y Lyra se movían como sombras entre los pinos, evitando las patrullas que Selene había intensificado. Lyra, a pesar de su debilidad física y el humo que aún irritaba sus pulmones, sentía una fuerza nueva: un instinto maternal que quemaba en sus entrañas, dándole la energía necesaria para avanzar.
—Casi estamos en el límite, Lyra —susurró Nora, sosteniéndola del brazo mientras esparcía febrilmente los últimos restos de azufre para confundir a los rastreadores—. Si cruzamos el río, el rastro se perderá entre las piedras. Solo un poco más.
Pero el destino no sería tan clemente. La distracción del fuego no había sido suficiente para cegar el odio de una Luna despechada.