Capítulo 42 — El Altar de los Condenados
La Cripta del Primer Vampiro no se encontraba en ningún mapa conocido por los hombres, ni siquiera por la mayoría de los Vástagos. Era un santuario de piedra negra y silencio absoluto, enterrado bajo las raíces de una montaña muerta en las afueras de la ciudad. El aire allí dentro no se movía; era denso, y estaba impregnado de una energía estancada que databa de los albores de la existencia de los inmortales.
Daren entró en la cámara principal cargando a Lyra. A pesar de su fuerza de Alfa, el lugar le producía una opresión en el pecho que lo obligaba a respirar con dificultad. Las paredes estaban talladas con la historia de una raza que consideraba a los lobos como simples bestias de carga o sacrificios. El brillo de las antorchas de fuego azul proyectaba sombras alargadas y distorsionadas, haciendo que las estatuas de los antiguos parecieran observar su avance con un juicio silencioso.
—Déjala en el altar central —ordenó la voz de Vladmir,