El becario estaba con los ojos chispeantes sobre la pareja que permanecía en la tickera del cine, si tenía que esperar hora y media hasta que salieran de la función para plantarle cara al tipito que estaba con la pelirroja, pues lo haría. Seguramente no sería difícil asustarlos, tal vez con una de sus miradas penetrantes, o mostrándole los dientes… Eso solía funcionar cada vez que debía poner a un humano en su sitio.
Cavilaba en ese pensamiento cuando su móvil sonó de improviso.
«Maldita sea»