Pov Leina
Hace más de dos horas que había dejado atrás aquellas tierras marchitas. En ellas dejé parte de mi alma, una que no estaba segura de si regresaría.
Mantuve siempre mi mirada baja, sin ver a nadie. Los guerreros de Bastian iban al frente, asegurándose de que todo estuviera bien, sin darse cuenta de que ahora yo misma soy su enemiga.
Apretaba con fuerza las correas del caballo, mirando fijamente mi muñeca, donde hay un sutil trazo apenas perceptible, pero estaba allí, quemando mi pie