Pov Leina
Había pasado una semana; los días pasaban tan lentos que juraría que era una forma de castigo.
Por las noches, apenas podía dormir y veía a Bastian preocupado. Muchas veces me preguntó qué me pasaba y solo podía aferrarme a él y llorar amargamente hasta quedarme dormida.
Estiro mi mano para acariciar la cicatriz que esconde su tatuaje. Sus ojos aún permanecen cerrados; me alegra saber que está descansando tranquilo, pese a todo el estrés de los últimos días.
Tres semanas y el relo