Pov Leina
El traqueteo de las ruedas me tenía cansada. Todo estaba a oscuras, el aire ya comenzaba a faltarnos, me estaba ahogando y lo peor era que no podía hacer nada.
Ya estaba recuperando el movimiento; aún sentía mis extremidades algo dormidas.
Un salto brusco de la carreta nos detuvo. Escuché los pasos de los hombres y los murmullos.
Nos pusimos en alerta al escuchar que abrían la caja. Cuando lo hicieron, casi todas nos abalanzamos para salir y tomar aire.
—Parece que a las señoritas les