Pov Leina
Ethan va emocionado, saltando por cada puesto que ve. Tiene bien agarrada la pequeña bolsa de cuero llena de monedas de oro que me negué a tomar porque sentía que me quemaba las manos.
Detrás de mí vienen hombres de Bastian y, aunque intenten pasar desapercibidos y vestidos con ropas desgastadas, sé quiénes son.
—Mamá, mira ese vestido para ti, está bonito, vamos a comprarlo.
—No, Ethan, yo estoy bien con el que tengo.
Mi propio hijo me recorre con una mirada llena de disgusto an