Capítulo 63: La ira de la bestia.
Ragnar avanzaba, y el mundo cedía ante él. El bosque se inclinaba a su paso como una reverencia…
Su figura no era solo grande, era una fuerza de la naturaleza, un espectro de sombra y poder que hacía temblar hasta las raíces de los robles. El último rey verdadero de todas las manadas. Su pelaje, negro como el vacío entre las estrellas, absorbía la luz del sol, devolviéndola en destellos azabache que helaban la sangre. No corría. No necesitaba hacerlo.
El bosque lo conocía. Los árboles susurraba