Capítulo 71: Almas condenadas.
Los aplausos y risas aun resonaban en la inmensidad del salón palaciego, Anette observaba fijamente las llamas danzantes en sus pupilas, como si más que consumir el cuerpo de Archivald estas estuvieran consumiendo el mínimo resto de humanidad que quedara dentro de ella.
No había satisfacción, solo el vacío de alguien incapaz de sentir, de pronto un grito desgarrador nació de su garganta, mientras se doblaba sobre si misma; llevándose las manos al pecho ante la sensación de que le arrancaban las