Capítulo 34: La Segunda Noche
El Vacío no debería sentir. Esa era la primera lección, el primer principio, la verdad sobre la que se construía toda su existencia sin existir. Sentir era ser. Y el Vacío, por definición, no era.
Pero Belath —o lo que quedaba de Belath, la memoria de ambición que el Vacío había consumido pero no destruido completamente— sentía. Y a través de él, el Vacío también. Era contagio, era grieta, era error en el sistema perfecto de ausencia.
En las catacumbas, arrodillado