CAPÍTULO 36: EL PUENTE DE HUESOS Y LA SOMBRA ETERNA
Quince años después del Nacimiento
El tiempo no sana todas las heridas. Algunas, simplemente se vuelven habituales.
Valerya lo sabía mejor que nadie. Cada mañana, al despertar en la cabaña junto al Lago de los Espejos —no el de Aethelgard, sino uno más pequeño, más humano, que ella y Caelum habían construido ladrillo por ladrillo— sentía el peso. No arrepentimiento, exactamente. Eso sería demasiado simple. Era consciencia. El conocimiento perm