Luciana estaba paralizada por el miedo mientras veía a Rodolfo acercarse a ella. Él se arremangó las mangas de su camisa sin dejar de caminar. Sus ojos brillaban con furia contenida.
Sabía lo que él iba a suceder, aunque al igual que muchas veces no conocía el motivo, y de todas formas no hizo nada más que esperar lo inevitable.
Correr no serviría de nada, no había un lugar dentro de la casa en la que él no la encontraría y cuando lo hiciera estaría aún más furioso. Suplicar tampoco era una opc