Ignazio tenía los ojos fijos en Luciana mientras sus padres se acercaban a saludarla. Todavía tenían que hablar de sus pesadillas y necesitaba convencerla de que viera a alguien, pero eso no era lo que ocupaba su mente.
Durante un instante, al tocar sus labios, se había quedado mirándola absorto. Seguía sin tener idea de qué le había sucedido y preferiría no pensar más en ello. Si tan solo su cabeza entendiera la orden, en lugar de repetir la escena una y otra vez.
Enfocarse en lo que estaba su