Luciana entró a su habitación sintiéndose débil. El miedo extendiéndose en su interior y consumiéndolo todo. Las risas de ese mismo día, se sentía como un recuerdo lejano.
¿Qué había pensado? ¿Qué Rodolfo se rendiría tan fácil?
Él la perseguiría hasta los confines de ser necesario. No porque le importara —la única persona que le importaba, era él mismo—, sino porque a Rodolfo no le gustaba perder. Él creía que la vida se trataba de un juego de poder en el que la única opción era salir vencedor