El movimiento frente al hospital era muy grande. En pocos minutos llegaron la policía, los bomberos y por supuesto muchos periodistas. Todo era caótico, increíble y demasiado extremo. Parecía el escenario de una película de acción, en la que los buenos buscaban los restos de los malos entre los deshechos de hierros retorcidos e incendiados aún. Pero una sola frase corría por todos los labios “era imposible que hubiera sobrevivientes”.
Las tres arpías estaban tranquilas, se pusieron de pie al un