El pequeño patio de la casa del abuelo de Adriana era muy conspicuo en el callejón, con violetas trepando por encima del muro y moras, todo lo cual hacía que este pequeño patio se destacara entre los demás.
Desde lejos, Adriana arrugó la nariz.
Parada frente a la puerta del patio, con cuidado desbloqueó la cerradura.
Pero al abrir la puerta, el olor no era tan agradable como se esperaba; había un olor a fruta podrida en el aire.
Adriana encendió las luces del patio y descubrió que, sorprendentem