—¿Trufa blanca de Alba, jamón ibérico, y qué demonios, ¿caviar?!
En el apartamento, Roxana los desempacaba uno por uno, sus ojos cada vez más grandes, echó un vistazo a Adriana.
—¿Te has enriquecido tanto como para derrochar así?
Adriana salió de la ducha y dijo la verdad:
—Son basura que alguien más tiró, la recogí para ofrecértela.
Roxana no lo creía.
—Entiendo que los ricos son raros, pero tirar trufa blanca a la basura, dudo que lo hagan.
—Te lo juro, cada palabra es verdad— dijo Adriana e