Con la luz, todo estaba claro: qué parte estaba sucia y qué parte no, lo que facilitaba mucho entrar al patio.
Por suerte, no había ni un solo lugar sin ocupar.
La pareja del puesto de barbacoa se había ido a casa, y ahora todo estaba tranquilo. Adriana abrió la puerta del salón e invitó a Omar a entrar.
—Hay muchas más moras en los árboles, podemos recoger algunas para llevarlas a la abuela—dijo ella.
Omar no discutió, probablemente pensando que Adriana no estaba bromeando cuando se trataba de