La sala de estar estaba tranquila, y Roxana se frotó el brazo.
—Adriana, lo que has dicho me ha puesto los pelos de punta.
Todos son personas comunes, y cuando se trata de intentos de asesinato premeditados, ¿quién no estaría asustado?
Adriana suspiró.
Roxana salió y la rodeó con los brazos por la cintura, diciendo:
—No intentes investigar estas cosas por tu cuenta. Si es solo una idea exagerada tuya, mejor déjalo estar. Si es cierto, te meterías en problemas. Tus padres eran de la facción de p