Julián
Adara me envió la dirección del nuevo orfanato de mi madre y mis tías; ya con este era el número diez. Dejé el carro al frente del lugar. Al ingresar, varios niños corrían por todos lados. Mi tía bajó las escaleras y me abrazó.
—¡Qué guapo estás! —sonreí, le di un beso en la frente.
He visto cómo su metodología había dado resultados. En la constructora había un arquitecto y dos delineantes. Ellos eran jóvenes egresados del orfanato, y no solo en la constructora teníamos a los jóvenes que