Apenas el juez estampó el sello final sobre el certificado de matrimonio, un silencio incómodo se instaló entre todos los presentes. Amanda sentía las manos frías, casi entumecidas, como si el acto de firmar hubiera drenado la última chispa de su voluntad. Jared, en cambio, estaba tan erguido y ecuánime como si aquel momento no fuera más que una firma en un contrato más de sus millones de negocios.
Sin embargo, había algo distinto en sus ojos. Algo que Amanda no lograba descifrar.
—Señor Portal —dijo Jared de pronto, con ese tono suyo que era una mezcla perfecta entre cortesía y autoridad—. Considero apropiado que compartamos un almuerzo. Será mi manera de honrar esta unión ante ustedes.
La palabra "honrar" resonó extraña para Amanda, pero Carlos la recibió sin rechazo.
Sabía que, aunque no aprobaba el modo en el que todo había sucedido, no podía darse el lujo de generar fricciones con un hombre que, en aquel instante, tenía el destino de su hija entre sus manos.
Carlos se irguió, aún