Apenas el juez estampó el sello final sobre el certificado de matrimonio, un silencio incómodo se instaló entre todos los presentes. Amanda sentía las manos frías, casi entumecidas, como si el acto de firmar hubiera drenado la última chispa de su voluntad. Jared, en cambio, estaba tan erguido y ecuánime como si aquel momento no fuera más que una firma en un contrato más de sus millones de negocios.
Sin embargo, había algo distinto en sus ojos. Algo que Amanda no lograba descifrar.
—Señor Portal